Donde Mueller y Oppenheimer documentaron el efecto conductual de la escritura a mano, el laboratorio de van der Meer documentó el sustrato neural. Los registros de EEG de alta densidad durante la escritura a mano muestran activaciones en regiones visuales, motoras y de integración sensorial que simplemente no aparecen durante el tecleo.
La implicación práctica: la escritura a mano recluta más cerebro, y cuantas más regiones se enganchan durante la codificación, más caminos de recuperación existen después. La memoria es un grafo, y la escritura a mano construye uno más rico.
Por eso el motor de Fluera fue escrito desde cero. Un canvas que pierde trazos, se ralentiza bajo presión o aplana los datos de inclinación es un canvas que tira exactamente la señal que el trabajo de EEG de van der Meer muestra ser la más importante. El esfuerzo de ingeniería en latencia y fidelidad no es pulido —es el producto.