Hermann Ebbinghaus lo documentó en 1885 usándose a sí mismo como único sujeto: las sesiones espaciadas producen mejor retención que las sesiones concentradas con la misma duración total. El efecto se ha replicado durante 140 años, en miles de estudios, desde habilidades motoras hasta vocabulario de lengua extranjera.
El mecanismo implica el sueño. Cada intervalo en una secuencia espaciada interpone uno o más ciclos de sueño, durante los cuales el hipocampo reproduce las huellas del día y empieza a transferirlas a la corteza para el long-term storage.
El planificador de repetición espaciada de Fluera es la implementación más directa de este principio — intervalos crecientes, retornos calibrados para atravesar las fronteras del sueño, sendas de revisión intercaladas. El cramming es el modo de fallo por defecto contra el que está construido.