Abraham Flanigan y sus colegas zanjaron la discusión en 2024, reuniendo 24 estudios y unos 3.000 estudiantes universitarios. El teclado gana en volumen: los apuntes tecleados contienen muchas más palabras. La mano gana en rendimiento, por un margen pequeño pero fiable — Hedges’ g = 0,248 (p < 0,001). Y repasar los apuntes antes de la prueba agranda esa ventaja, en vez de borrarla.
La mano es más lenta, y la lectura más simple de esa diferencia sigue siendo la mejor: la lentitud fuerza selección, la selección es procesamiento, el procesamiento es codificación. No es que escribir a mano sea un mejor input que teclear — es que el cuello de botella de la mano protege a la mente de la transcripción superficial.
El trabajo de EEG de alta densidad de Audrey van der Meer muestra qué cambia en el cerebro: escribir a mano produce una activación más amplia y más conectada entre regiones visuales, motoras y sensoriales que teclear. Es un correlato neural, no una medida de cuánto se aprende o se recuerda. La ventaja se cobra después, el día en que vuelves a la página — y para ese día está construido el motor de Fluera.