pedagogía · toma de apuntes · memoria

Flanigan y colegas

2024

Abraham Flanigan (Georgia Southern) y sus colegas reunieron 24 estudios con unos 3.000 universitarios y zanjaron una discusión de una década: los apuntes a mano sí producen mejor rendimiento que los tecleados — por un margen pequeño pero fiable, que crece cuando el estudiante los repasa.

Obra de referencia
Typed versus handwritten lecture notes and college student achievement: A meta-analysis (Educational Psychology Review, 2024)

El metaanálisis es honesto sobre el tamaño del efecto, y por eso merece citarse. El teclado gana con claridad en volumen: los apuntes tecleados contienen muchas más palabras. La mano gana en aquello para lo que existen los apuntes, el rendimiento: Hedges’ g = 0,248 (p < 0,001).

También sustituye una cita en la que nos apoyábamos. Durante diez años la referencia fue Mueller y Oppenheimer (2014), que informaba de un efecto mucho mayor y luego no superó dos réplicas — Morehead, Dunlosky y Rawson en 2019, y Urry y colegas en 2021. Esas réplicas no refutaron el hallazgo: un efecto tan pequeño es invisible para un solo estudio de 142 personas. Pero una afirmación vale lo que la prueba que encuentra quien va a comprobarla.

Un moderador nos importa más que el titular. El retraso de la prueba no cambió nada. Preguntas factuales o conceptuales, tampoco. Pero poder repasar los apuntes antes de la evaluación aumentó la ventaja de la escritura a mano. El valor de escribir a mano no se gasta al escribir: se cobra después, cuando vuelves.